Mostrando entradas con la etiqueta Nono. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nono. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de noviembre de 2016

Rocsen otra vez, Nono, Los Algarrobos y La Tigresa de principio al fin

Otra vez rumbo al cerebro enloquecido Rocsen desde Mina Clavero. Bajamos del bondi en Nono y al rato ya nos acompañaba La Tigresa… al principio escapando de nuestros cariños, pero transcurriendo las horas se fue volviendo dócil, y así caminamos kilómetros hasta el museo, y entramos un par de largas horas y ella esperó. Luego, los tres, continuamos rumbo a Los Algarrobos, que viene a ser como el confín de Nono, o el confín del confín de los confines.
La soledad de las sierras, el cielo, las nubes, la tierra en los pies, la larga caminata.
Y regresamos ya cayendo el sol.
Cuanto dolor en ese bicho al separarse de nosotros, subiendo al bondi de regreso. Y cuanto llanto el nuestro, el dolor del dolor perruno ajeno.
Todavía veo las fotos y mi corazón se encoge. Todavía siento sus lanas duras y tibias en la piel...

















miércoles, 12 de octubre de 2016

Espanto en el museo Rocsen, La Toma y el museo de cactus bajo la estrella moribunda...

No me digan que no existen las criaturas invisibles. Ni que pueden vivir
–¿muertas?- koboltizadas en el cuerpo plástico de una muñeca antigua, en sus flores, en su largo cabello negro, en sus largas uñas rojas, en sus labios morados. Sí, el camino es hermoso, Nono, Mina Clavero, cielo y silencio. Pero el museo… bueno, lo más parecido al enloquecido pensamiento de un cerebro… de cualquier cerebro. Un cerebro enloquecido en medio de la nada… y ¡la muñeca del espanto!... ¡tamaño natural!... ¡ya viene!
Abrí estas fotos unas noches atrás, y me encontré con ella. Algo sexual encierra, algo perverso y atractivo. Una muñeca gore, o peor aún: dominatrix & gore. Sangre derramada y placer. Una espiral descendente... horas más tarde de ver sus fotos algo se me trepó en la espalda y me mordió el cuello, y explotaron algunas lamparitas, y se cortó la luz, y…
Luego el río, el puente vacío, dos noches enteras y los cactus y el sol cayendo y cayendo hacia la otra mitad del mundo, volviendo todo color rosa.