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sábado, 27 de diciembre de 2025

"Estamos para cuidarte"

 Ellos, sí... están para cuidarnos. A diario los matutinos cuentan los plomos que, extrañamente, mutilan y ultiman a algunos de nosotros, sin embargo insisten en cuidarnos, nos aseguran: "lo hacemos". Están también para hacer respetar las reglas sociales, esas que se desprenden de un pasado común, tan brillante como triste y oscuro, con sus santas y misóginas hogueras encendidas, sus trincheras sangrientas de guerra mundial, sus hongos atómicos creciendo sobre las poblaciones civiles, su matanza perpetua en la búsqueda del Santo Grial -y del petróleo-. No importa, ellos son suficientes. Ellos, su ley y todo lo que, cual borbotón, llega por whatsapp...

Las imágenes son de este año que llega a su fin -2025-, y de distintos orbes: San Andrés de Giles, Villa Ventana, Pigüé, Santos Lugares, y una larga caminata hasta la zona norte... "Salud mental es poder amar sin miedo", ok, estoy de acuerdo, aunque hasta ahora nunca dejé de tener miedo, así que pregunto: ¿puedo amar y tener miedo también?

Coger de porro no es amar, claro, aunque se le parece, tanto como el templo se parece a una casa de Dios, la multa -1 tiro- se parece a la justicia y la lengua de Warhol se parece a los Rolling Stones. Las fotos se parecen a la vida, también. La vida, esa incongruente belleza llena de color, dolor, absurda como todos e indiferente como el Cosmos que nos rodea.























jueves, 20 de febrero de 2025

Ciudad Estío

 Se sale a caminar, se recorren kilómetros a pie; aparecen los escenarios, subjetivos, y se retratan con desapegado rigor, y aunque no se sabe ni se comprende el porqué, se hace, como si fuera cierto, como si sirviera para algo, como si hubiera un motivo o varios. Un corazón atravesado por esa tiranía -¡yo quiero morfar!- y un ser vivo estallado, derramado, derretido; brutalismo de salón, pizzerismo de pasado, antaño, el ayer de nuevo o el nuevo pretérito. Las antenas, la Luna y Venus transmitiendo saludos y contactos sin lograr coincidencia alguna. Empanadas fritas de carne, la fe, el acusado y todos los pibitos del conurbano en alerta, fuera el móvil, contra la pared, pero nada tiene que ver con un teléfono. Rayos y centellas: ella, hermosa, esperando sin pausa ni prisa a que llegue lo que desea, lo que la transforme, lo que la llene... con su leporina sonrisa blonda acuosa transistora fluyendo energías hacia todos nosotros al divino botón desde una triste persiana en Villa Ballester.













domingo, 23 de septiembre de 2018

El castillo interior

Una caminata por el conurbano bonaerense luego de la fiebre y de la cama; el cuerpo renaciendo muy de a poco, la energía que no alcanza, las ganas de echarse a dormir mientras la primavera renace a otro ritmo… presto, aceleratto, allegro… la primavera no espera, tampoco el sol espera; no espera la luna ni el delicado ritmo de las estrellas. Y es la regla: ¿acaso no se parte rumbo al olvido tal como todos los que ya han partido?... muchos nombres, mucha ausencia, silencio y vacío, olvidados de la visión viviendo, aún, en lo más profundo del corazón. Sin embargo se apuntala la voluntad -¿qué otra cosa se tiene a mano?- y se continúa con el pataleo, uno, dos, diez, doscientos pasos; pasan las calles, pasan las sombras y las desconocidas personas, resuenan los ecos del domingo, un supermercado, un perrito, una radio, alguien que lava el auto, el bondi casi vacío… más tarde la casa y la cena y las palabras, la unión de dos seres que quieren, aunque no saben. Sin embargo logran perdurar en lo más valioso –una creencia- que es el amor. Y las palabras que curan.
Somos el amor, biológico y mágico, el amor en la piedra y en los elementos, el amor en el viento y en los besos, el amor como una pelota, como un pedazo de Dios en lo más recóndito del alma. Un universo dentro de las morada eternas, del castillo interior, y la libertad de no necesitar más que eso: la fuente del amor, la gracia, la gratuita conexión con lo inagotable.