Mostrando entradas con la etiqueta pizzeria santa maria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pizzeria santa maria. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de julio de 2013

Una pizzería en el tiempo

Si mal no recuerdo comencé a ir a Santa María en la época que estudiaba fotografía en el taller de Martín Marco, año 1991/92... en ese tiempo los neones verdosos en forma de flecha de la marquesina exterior "corrían" de punta a punta, de derecha e izquierda e ida y vuelta, frente a la parada del 123 que salía rumbo a Caseros, justo enfrente, también, del bar Gabi y sus barcitos secuaces, hoy exterminados por la política de generación de no lugares de Nauricio Macri y su carroña de gobierno de la ciudad.
Estudiando piano en el Manuel de Falla cuando este aún funcionaba en el Teatro San Martín, pasaba por ahí a menudo... un vaso de moscatel a mi regreso y dos porciones de fugazetta rellena era lo habitual al mediodía y antes de rumbear para la ferretería...
Otra época: los años del dúo "Camino al Mar"... tantas cientos de veces he pasado luego de los ensayos en Villa Crespo, martes 22hs, o de dar conciertos en AMIA, que atesoro una sensación especial de esa época. Mucha música y mucha soledad de pié.
Y bueno, los años del final, que son éstos de hoy: el amor con Paulita Burd y tantas noches compartidas en sus mesas, bebiendo cerveza y moscatel hasta que levantaran la última silla.
Anoche fui solo, bebí moscato y comí una chica de muzza... ¿que puedo decir?... mi vida está entrelazada entre sus mesas, entre sus sillas, entre sus vasos y sus jarras de moscatel.
Le deseo ¡salud!
y que siga la pizza.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El escape del recuerdo

Bueno... 21 de setiembre, 2012. Me  acabo de encontrar con mi amigo el payaso. Estaba en la mesa vecina con su vástago y la payasa mamá. Pizzería Santa María. Pedí una chica de muzzarella que me decepcionó, fea. El moscatel está bueno, pero va por cuenta de Crotta hermanos. Estoy leyendo "Argentinos" de Jorge Lanata............ repito: ¡estoy leyendo ARGENTINOS,de JORGE LANATA!. Y me gusta. El libro es del 2002, o sea, diez años ha. De todos modos sólo leí 53 páginas.
Me estoy meando. En la mesa contigua -enfrente- está Gerard Depardieu, un puto, un musulmán muy prolijo y un obrero metalúrgico. Al norte y a mi drecha, Carlos Gardel está sentado junto a Jean Francois Casanova; y justo enfrente de mi vista hay una lesbiana declarada abrazada con su novio, ex combatiente de la TV. En la mesa del francés llega más gente, el padre Lucho con veinte años más y mucha mejor onda, y mi ex alumno Diego, muy gordo y muy viejo, aunque aún mantiene sus rulos.
Los dos cieguitos siguen sentados a mi izquierda, hablan por celular, comen pizza, ríen, beben cerveza. Le gente entra, sale, come, mea, bosteza, se conoce, corre las sillas, pide las pizzas, golpea los platos, ensucia las mesas, tenedores a las bocas, cartas en las manos, risas, Gardel a mi espalda, engominado, la campera de la nariz perforada, cubiertos que chocan, fútbol eterno de TV, el payaso se fué, dice que la pizza es una mierda y tiene razón, los ciegos chupan Stella Artois, el vástago no me miró, un plato se estalla en el piso, estoy medio en pedo, esta pizzería Santa María es un fantasma de la original, me quiero ir, otra mesa para los muchachos, alguien empuña una cruz, dos masas más, gestos, barbas, salen dos chicas con su pizza caliente dentro de una bolsa plástica, servilletas inmaculadamente limpias esperan ser utilizadas por bocas grasientas en sus habitáculos plásticos coca-cola, un Eduardo Aliverti desvencijado espera una porción al corte junto a la barra, mira el piso, sólo mira el piso, me quiero ir, una viejita rubia platinada entra de la mano con un jovencito por la puerta de atrás, lleva minifalda y toneladas de nylon, tinta naranja, aún sobreviven los neones, cuantos años, nylon para contener carne que cuelga, gente masticando masa, la calle detrás del vidrio, cuantos años que se pierden porque el lugar se transforma en un no lugar en beneficio del mercado, y la historia perdida que perdura sólo en mi mente como un recuerdo que es una daga también, cambiaron los mozos, los dueños, una daga en mi memoria, cambiaron los dueños y las luces y los cuadros, las sillas y las mesas aún permanecen, pero todo está condenado al sepulcro... lindas luces, marquesinas, coca cola, una propaganda de coca cola, rating, tubos grolux para realzar el color, modernismo, consumo, ante todo, una escenografía que representa el mismo lugar en todo el planeta, una mentira, un mundo de mentira, otra pizzería que ya no es..... out.
Que desasosiego provoca no poder reconocer un sabor, una visión, una permanencia. Triste, muy triste. Y es como dijo Cortázar: se muere cuando mueren los demás, se muere cuando mueren los ídolos, se muere cuando el entorno se transforma y se escapa para siempre del recuerdo. Se muere.



viernes, 24 de agosto de 2012

Cumpleaños feliz

Entendiendo claramente que no hay mejor modo de comenzar el festejo del cumpleaños propio que comiendo unas zapis en Santa María de las Chacaritas y bebiendo sus moscateles helados, nos subimos al 123 y entonces allí nos dirigimos para luego encontrarnos con unas calabresas picantes, unas fugazettas rellenas, unas espinacas con salsa blanca, moscateles y cervezas varias... hasta que, bien pasadas las doce, el lugar se vació y levantaron hasta la última silla. Y entonces nos sugirieron amablemente que levantemos campamento, pues más allá de mis flamantes 43 abriles, la vida continúa en su imparable afán circulatorio.
Las fotografías de mi etílica estampa pertenecen a mi chica Paula, no así su ya acostumbrado exceso de photoshop.

lunes, 9 de julio de 2012

Retiro, Centro, Santa María y caminata nocturna

El asunto es así: hoy es lunes 9 de julio, feriado nacional, en el aire revolotea un olorcito a pollo a la parrilla que enseguida evoca el vino y también el fuego y los besos, pero nada de eso por hoy, exceptuando los besos. En un rato me voy de mi amigo el alfred a charlar de lo que charlan los amigos y encenderemos nuestras propias fogatas (recuerdo a Gollum: "no mire las luces, master, o caerá y encenderá su propia luz en las sombras"), por ende, siendo este un feriado anterior a las vacaciones de invierno, puedo decir: quiero más, necesito más, mucho, todo. Y en eso nada cambió, pues lo mismo quería a mis trece años...
Lo que sigue es lo que uno escribe mientras está "en eso", y vale para la ocasión, más abajo -¿arriba, abajo, al centro o adentro?- las borrachas impresiones pizzeras de rigor... ¡viva la patria!
En el tren, cerca de las 17hs, pasando por la estación Villa del Parque.
Voy escuchando Stereolab por enésima vez, y pienso en cuantas miles de cosas he vivido mientras estos primeros discos eran actuales. La luz es hermosa, y aunque me siento un poco alienígena, opto por el observar a la fotografía, aunque ya he hecho algunas tomas.
El sol se cuela por las ventanas de occidente como una flashera invasión amarilla y alegre; pasa un convoy rumbo a San Miguel, en el aire, a mis espaldas... dos niñas muy bellas reparten estampitas... sube -La Paternal- una numerosa familia pobre y llena de niños e incómodas bolsas que sólo cargan las mujeres...
Un poli del tren, uniforme y palo, se acerca y cierra la puerta de enfrente con un violento exceso de fuerza, provocando una estampida ruidosa y molesta. Es su nada sutil modo de dejar en claro frente a todos nosotros quién es el que manda en el lugar.
Stereolab tiene mucho de "texturas tímbricas intencionales", melodías armadas desde el timbre, los flangers están tan bien parametrados que es obvia su intencionalidad imitativa.
Llegamos a Chacarita, el tren se vacía en un 70 %, un señor porta un canasto en su cabeza equilibrista lleno de pan chipá. Sube más gente, demasiada para esta liminar estación. Un personaje visiblemente musulmán, con gorrito tejido, blanco y delicado, se sienta a unos pocos metros de donde escribo de pié. Porta una barbita tan, pero tan islámica que adivino que el tubo largo y forrado en nylon negro que lleva entre sus piernas es seguramente una flauta udú, una gran flauta udú de un metro y medio.
En Palermo Mahoma se vá al furgón, el sol cae, en el vagón, que es doble, no permanecen más de tres personas. Basta de cuaderno, a hacer unas fotos de la villa 31 desde el tren.

20:10 hs, Chacarita, pizzería Santa María. En la mesa de enfrente dos pibes con una chica, beben cerveza, ella se quiere ir porque -evidentemente- entre los dos no hacen uno. Medio borracha, insiste -¡me quiero ir!-, y los pibes nada, no saben ni que hacer ni que decir...
Vengo del centro. El mozo me cuenta que el 31 de julio es su cumpleaños y que ya compró una caja de Chandón, y que lo único que le preocupa es el siempre creciente volumen de su vientre, cultivado a base de empanadas salteñas y vino. Los chicos de la mesa de enfrente se proponen emborrachar a la chica, pero ella ya está borracha y pidiendo una fiestita a gritos... obviamente el miedo, en cuestiones de sexo y mujeres, siempre es muy mal consejero... y ya me estoy aburriendo, me voy a leer "Contacto".
21: 40 hs. Ella se fué, sola y triste, pero antes los invitó a una fiesta el domingo. Antes de irse quiso pagar la cuenta -un ejército de cervezas-, exibió un fajo de billetes de cien, y arrojó uno en la mesa. Los pibes se negaron tibiamente, aunque uno de ellos dudó. Finalmente les dijo que esperen su llamado en el celu. Si, chicos, esperen hasta que el Big Bang se convierta en Big Crunch.
22:45. Me voy a casa, caminando. Estoy saturado de mesas y gente y lectura y de pizza y moscatel. Siempre lo mismo, nada, todo, el medio y los extremos, cámara en mano, go to the west, espero sobrevivir, mil besos, adiós amigos... Dios los bendiga.




viernes, 29 de junio de 2012

Santa María pizza

Un clásico. Hace cuantos años soy habitué de esa pizzería de Chacarita no lo sé, pero los que andan por la cuarentena como yo recordarán los neones verdes en forma de rombos que secuenciaban por fuera ida y vuelta de un punto al otro del local. Y ya en ese entonces era habitué. Más cerca, durante años, cené los martes unas porciones al corte luego de los ensayos con el dúo "Camino al mar", y desde hace seis comparto ese entrañable ámbito con Paula, mi mujer.
En sus mesas y en solitario, acompañado de una chica calabria y una botella de moscato, he leído Moby Dick, de Melville; Crónicas marcianas y El hombre ilustrado, de Bradbury; El Aleph, Ficciones, Otras Inquisiciones, Prólogos y demás, de Borges; Más allá del tiempo y El amor y la soledad, de Krishnamurti; Solaris, de Lem; 2001, Cita con Rama y demás, de Clarke; y Sagan, Wilde, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Avila, La Biblia, Nietzche, la Filocalia, Baghwan Rajneesh, etc. También he escito música a bordo de sus mesas y he escrito poesías y boludeces amorfas varias. Y he hecho fotos, muchas fotos, miles.
Estas fotos fueron hechas hace exactamente una semana, en la habitual salida pizzera de los jueves y/o viernes.
Para los que nunca fueron, recomiendo la fugazeta rellena, la calabresa y la de verdura con salsa blanca y provolone.
Muchos mozos que tengo en la memoria ya no están, ni sus pasados dueños, pero entre los habitué están siempre los habitués de siempre, con algunas excepciones que la muerte se ha encargado de borrar...