Esa mañana salimos de la cama y nos fuimos directo al salón comedor para desayunar; luego dejamos el hotel previa llenada del termo, y salimos caminando hasta la laguna en plan de despedida antes de partir.
Pateamos por la ruta hasta el restaurante del Golf Club y desde allí regresamos, cruzando el puente prohibido, bordeando el agua desde el extremo, justo donde comienza el balneario.
Es el último domingo de las vacaciones de invierno... en los alrededores de la laguna las familias están apiladas a montones, encendiendo el fuego para hacer asado y jugando un fútbol improvisado; los chicos corren en grupos desbocados, riendo salvajemente y a los gritos; las señoras gordas arman sandwichs multicolor siempre excedidos de mayonesa, como debe ser; jóvenes parejas matean y rascan una viola entre besos tempranos, las birras están destapadas y los tintos dudosos servidos en vasos plásticos; nuestros amigos perros caminan todo alrededor mangueando comida a los humanos reinantes -uno de ellos nos reconoce y nos acompaña un par de cuadras-, el sol de mediodía brilla sobre la laguna con destellos de ensueño mientras los botes echados en silencio esperan la época de pesca... en fin, día de fiesta, día de reunión navarrera y dicha. En esa caminata fumé mi último cigarro. Y dejé en el recuerdo -y para siempre- las vacaciones invernales del 2012.
Luego cruzamos en silencio la ciudad muda de siesta hasta la plaza, y al rato nos subimos al 136, que en unas horas nos dejó en Merlo. Y allí trepamos al tren Sarmiento, que logró, en su imagen de descarada miseria, destruír el espíritu festivo que todavía lograba sobrevivir en nosotros...
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lunes, 22 de octubre de 2012
lunes, 1 de octubre de 2012
Deformidades nocturnas en Navarro
La tarjeta al rojo vivo, los bolsillos vacíos, unos panes secos con fiambre feteado y un pedazo de queso chiquito sobre la mesita de luz de vidrio, queso que es cortado con un cuchillo afanado por ahí mientras el vino tinto fluye desde el pico y el corazón espera más con muchas ganas de seguir, por favor un poco más, nos dice el cuore, y espera ansioso como un perrito espera las migas de pan, espera mucho y no deja de esperar, y nos dice denme más, denme mucho más, denme muchísimo, no, mejor denme todo... y que todo sea juntos y que sea para siempre.
Entonces salimos, juntos los dos, rumbo a la mítica esquina pulpera "La Protegida" con las venas rebosante del jugo de la vid y los últimos cartuchos para reventar en la última noche navarrera que fué también la última noche de las vacaciones de invierno.
En la calle reina el frío y el silencio fecundo, las estrellas brillan eternas sobre nuestras cabezas, las cuadras se suceden en un calidoscopio de amor que por nunca completarse nunca se deja, como todo, y el dolor y la dicha de estar rodeado de lo hermoso y lo efímero hacen el resto, y todo alrededor se detiene en la cotidianidad de tanta gente que se prepara para dormir mientras nosotros pasamos caminando muy juntos frente a la puerta de sus casas, y ese perro que nos mira con su mirada nocturna y esa sombra de farol fantasma sobre la pared...
Y luego más vino y unas empanadas exquisitas, y más calle y más cuadras a pié hasta el helado de rigor, helado que se lleva las últimas monedas, y luego los besos y el hotel y el lecho y otra vez el silencio y la nostalgia de saber que mañana, justo mañana a esta misma hora, de noche y bajo este mismo cielo, seremos sólo un recuerdo por aquí.
Entonces salimos, juntos los dos, rumbo a la mítica esquina pulpera "La Protegida" con las venas rebosante del jugo de la vid y los últimos cartuchos para reventar en la última noche navarrera que fué también la última noche de las vacaciones de invierno.
En la calle reina el frío y el silencio fecundo, las estrellas brillan eternas sobre nuestras cabezas, las cuadras se suceden en un calidoscopio de amor que por nunca completarse nunca se deja, como todo, y el dolor y la dicha de estar rodeado de lo hermoso y lo efímero hacen el resto, y todo alrededor se detiene en la cotidianidad de tanta gente que se prepara para dormir mientras nosotros pasamos caminando muy juntos frente a la puerta de sus casas, y ese perro que nos mira con su mirada nocturna y esa sombra de farol fantasma sobre la pared...
Y luego más vino y unas empanadas exquisitas, y más calle y más cuadras a pié hasta el helado de rigor, helado que se lleva las últimas monedas, y luego los besos y el hotel y el lecho y otra vez el silencio y la nostalgia de saber que mañana, justo mañana a esta misma hora, de noche y bajo este mismo cielo, seremos sólo un recuerdo por aquí.
Segundo día en Navarro
Aunque los colchones de las camas eran una especie de tortura medieval, bastó la visión de la plaza en la mañana brillando bajo todo ese sol, para olvidar el dolor de espalda. Bajamos a desayunar y luego a caminar el pueblo. Primero fuimos al museo del ferrocarril; armado por un ex guardia de estación que aún vive en las instalaciones, es un museo que sólo la pasión por el tren de una persona que ha vivido toda su vida alrededor de las máquinas y las vías puede sostener con tal dignidad y belleza... los cuadros, las maquetas, los boletos centenarios, las fotografías antiguas, las señales y maquinarias aún en funcionamiento al igual que el reloj de la estación, pieza centenaria de origen inglés.
Luego el almuerzo y los mates en la plaza, y por la tarde caminata pueblerina en busca de sombras y ventanas bajo la mirada suave del sol del atardecer.
Luego el almuerzo y los mates en la plaza, y por la tarde caminata pueblerina en busca de sombras y ventanas bajo la mirada suave del sol del atardecer.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Primera noche en Navarro
Al perder por ahí a los amigos perros, nos fuimos pateando para el hotel para darnos un baño y disfrutar de un relax, y luego salimos a buscar un lugar para cenar. Entre vueltas y fotos nos decidimos por "La Casona", un bello lugar que mantiene su historia personal en sus pisos de madera, en sus legendarios cuadros -los colgaron allí los fundadores a principio de siglo-, en sus muebles y en su campera sencillez. Pero, lamentablemente, falló en lo más importante: la comida. Los platos estaban bastante cerca de ser muy caros, poco abundantes y para nada exquisitos... y como si fuera poco, la empleada que nos atendió portaba una cara de culo a toda prueba.
Cuando salimos caminamos hasta el hotel y nos fuimos al sobre.
Cuando salimos caminamos hasta el hotel y nos fuimos al sobre.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Atardecer con amigos en Navarro
El bondi llegó a Navarro a las cuatro de la tarde; nos hospedamos en el hotel frente a la plaza principal, dejamos los bártulos, preparamos el termo y el mate y nos fuimos caminando hasta la laguna, distante a un kilómetro.
Ya al llegar a la orillita, ni bien preparamos el mate y nos acomodamos en una mesa, llegaron los amigos perros. Tres, cuatro, cinco perros callejeros llenos de vida efervescente... la envidia de mis hermanos humanos, siempre tan asustados y serios y tristes y problemáticos. Los amigos perros nos hicieron reír, corrieron descontroladamente los autos que pasaban ladrando a todo decibel, durmieron con las orejas muy paradas como radar, posaron tranquilamente para las fotos, esperaron galletas muy quietos y con los ojos muy grandes, y finalmente, al caer el sol, nos acompañaron unas cuadras hasta que desaparecieron persiguiendo vaya a saber uno que cosa de vital importancia...
Yo quisiera saber porqué a veces uno guarda en el alma no un libro, ni una música, ni un poema de amor, sino los ojitos de esos perros tan lindos que a uno le dan tanto por nada, esos seres que viven tan a fondo y tan fácilmente con la totalidad de sí mismos que son un ejemplo y también una denuncia para una raza que, como la nuestra, está tan lejos de esa bella realidad... tan lejos como lo está del amor que dice practicar y prodigar a sus semejantes en nombre de un Dios que ya debe haberse vuelto ciego de tanto llorar de amargura por nuestras patéticas e hipócritas miserias.
Ya al llegar a la orillita, ni bien preparamos el mate y nos acomodamos en una mesa, llegaron los amigos perros. Tres, cuatro, cinco perros callejeros llenos de vida efervescente... la envidia de mis hermanos humanos, siempre tan asustados y serios y tristes y problemáticos. Los amigos perros nos hicieron reír, corrieron descontroladamente los autos que pasaban ladrando a todo decibel, durmieron con las orejas muy paradas como radar, posaron tranquilamente para las fotos, esperaron galletas muy quietos y con los ojos muy grandes, y finalmente, al caer el sol, nos acompañaron unas cuadras hasta que desaparecieron persiguiendo vaya a saber uno que cosa de vital importancia...
Yo quisiera saber porqué a veces uno guarda en el alma no un libro, ni una música, ni un poema de amor, sino los ojitos de esos perros tan lindos que a uno le dan tanto por nada, esos seres que viven tan a fondo y tan fácilmente con la totalidad de sí mismos que son un ejemplo y también una denuncia para una raza que, como la nuestra, está tan lejos de esa bella realidad... tan lejos como lo está del amor que dice practicar y prodigar a sus semejantes en nombre de un Dios que ya debe haberse vuelto ciego de tanto llorar de amargura por nuestras patéticas e hipócritas miserias.
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