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martes, 4 de septiembre de 2012

Lobos antes de partir

Dejamos la habitación a media mañana, caminamos entre el viento helado bajo un sol radiante y un cielo azul polarizado en un ensueño de LSD. Luego esperamos el bondi y charlamos un rato con el oficial de turismo acerca de la ausencia pejereyes y el exceso de pesticida en la laguna. Más tarde se nos acopló una viejecita que nos relató su historia personal mientras esperabamos juntos el transporte. Finalmente llegó el bondi y, atravesando campos y chacras, en quince minutos llegamos al pueblo. Pasamos por la plaza, por el banco, por la parroquia, por los grafittis y por la estación de tren, y luego, haciendo fotos, nos fuimos acercando a la terminal de micros, en donde encontramos regulando y presto para partir al micro que más tarde nos dejaría en Navarro.


miércoles, 15 de agosto de 2012

La sombra del molino -gif-

¿Que es una sombra, una rueda, un atardecer?
La palabra se esfuerza para etiquetar un hecho que ya no es, o es tan solo en eso que llamamos pasado, y que no se puede recuperar. El pasado girando en una rueda de molino en las sombras del atardecer de Salvador María, sombras que se alargan mientras el pan se vende en la panadería y se cosechan los granos tardíos en el campo...

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Vía & moto -gif-

La paralela y las ruedas que nunca se juntan, el budín esquivando el bólido irreverente y veloz, multiplicado el instante hasta el infinito...

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Dos tiempos, dos lagunas, un bondi -gif-

El espacio-tiempo bajo el sol, reflejado entre juncos y patos flotantes siempre indiferentes, desgranado por electrones e impulsos viajando dentro de una PC que es también un híbrido... un homúnculo tecnológico que año tras año parece cobrar vida y voluntad propia...

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Bandera -gif-

La bandera flamea a unos pocos metros de la laguna de Lobos, flamea su color patriótico y se hace cierta en las mínimas miradas de los pobladores que pasan rumbeando hacia proveedurías desiertas; flamea su sol amarillo y guerrero entre el invisible camino del viento helado, inasible viento de un invierno que se va para siempre, para no volver...

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miércoles, 8 de agosto de 2012

El pueblo de Salvador María

Al final de la vía apareció una estación solitaria y sola, llena de yuyos, con caballos todo alrededor y un gran cartel muy viejo: "Salvador María". Entonces enfilamos hacia la derecha y nos mezclamos un par de horas con ese pueblo y ese tiempo que es otro tiempo, un tiempo paralelo a cien kilómetros de la gran ciudad, en donde la relatividad einsteniana se ve completamente verificada sin necesidad de partículas sub-atómicas aceleradas a un diez por ciento de la velocidad de la luz.
Compramos una cremona, tomamos mate, hicimos fotos, filmamos las sombras, espiamos la capilla, intentamos comprar una gallina, vimos caer el sol y asomar la primer estrella, interactuamos con los perros (siempre, los perros nos adoran), y finalmente nos fuimos por la misma vía que vinimos y de regreso a la laguna de lobos, sintiendo que, otra vez, un pedacito de nuestro corazón quedó latiendo por ahí, entre los grillos y las callecitas que mueren en el campo, entre las acequias y los astros que asoman entre nubes sin rumbo ni motor.