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lunes, 24 de febrero de 2025

Privarse de perderse, perderse de privarse...

 "Solo tú puedes privarte de algo", afirma el gurú en la red con total seguridad, lo cual es un problema, porque hay que decidir. Hay que saber lo que se quiere... pero uno mira dentro y ve contradicciones, irracionalidades: vivir muchos años y fumarse dos atados de cigarros diarios; estar lúcido y chuparse un litro de fernet con hielo. Cotidiano. Verse lindo, o linda, bien, flaco o flaca, y joven sobre todo joven; comerse todas las calabresas, fainás, palos Jakob de pastelera y los Balcarse en cada pizzería que se precie, todo bien regado con galones de Crotta con hielo. Uva Egipcia la Moscatel, aún no pudieron clonarla, no pudieron desparramar el ADN como una porquería. Ser o no ser... darse o no darse lo que el bocho pide a gritos.

Unas fotos, escribir, guitarra, siesta, escuela, no escuela, llueve, caminar a ningún lado, sintes, preocuparse por todo, pedir horas, vivir en calma, amar, vivir cagado/a de miedo... "Solamente tu te puedes privar de algo", insiste el gurú.

Que lindo ser gurú, sabérselas todas y no ser esta cosa inacabada, irresuelta, estropeada por el sistema capitalista y toda su moralina de cagada.

Reglas implican Miedo: capitalismo es MIEDO



















jueves, 20 de febrero de 2014

Una cerveza en plaza Plate

Llegamos de la nada y nos reencontramos con la ciudad... la energía transmutada desde el menos al mas, pero sólo por un ratito.
Y es muy raro, porque esa noche me parecía muy poco -atrapado por la zozobra del vivir- y hoy me parece tanto.
Los buenos recuerdos funcionan como una plurivalencia emocional que se reconstruye con el paso del tiempo, y a veces lo chiquito se vuelve tan gigante que se añora con lagrimas en los ojos.
Y paso tan poco desde entonces... y tanto.
La vida es un misterio sin significado, y si a veces la encierro en un marquito es porque ese marco me da alas para volar y ver todo desde lo alto.
Que se repita el vuelo...
y la birra, claro.

domingo, 11 de agosto de 2013

Una noche en el paraíso

La noche del 22 de enero fue una noche de cerveza boliviana y de vino tinto; del humo de unos cigarros muy raros encontrados en un cajón del hotel solo; de banda de sonido de millones de violines interpretados por millones de grillos, ese sonido que es silencio que suena... y de oscuridades dichosas, y sombras quietas, y vos y yo susurrando entre los besos y la soledad y la charla, tan lejos del origen frente a cerros invisibles e infinitos pero poblados por pequeñas luces brillantes, delicados faros que dan cuenta de los nidos distantes... hogares gloriosos en donde se puede adivinar una familia que sueña, un huerto bajo los astros, una comida caliente, un fuego encendido, el crepitar de la madera y la llama.
Coroico es, tal vez, uno de mis lugares en el mundo. Me duele su recuerdo porque me duele el rugido del 123 que pasa raudo por la avenida mientras escribo.