Llegamos a las 22hs y ya estaba lleno. Enseguida apareció un vinito, gentileza de la casa, y acto seguido comenzaron las preguntas por las fotos. Luego Rodolfo, el poeta del lugar, me pidió que pasara a hablar un poco del tema imagenes; después de eso y de la madera que cayó del cielo, aparecieron más vinos, las poesías tomaron protagonismo muy bien acompañadas por una guitarra gaucha -y para nada trabajosa, Borges- y llegó más gente, más amigos, y los niños correteando felices con esos cuerpitos alados todo alrededor. El Alfred apareció en escena y nos maravilló con su bella música mínimal y su teatro de sombras esencial, y mientras la mente iba dejando el control para otra ocasión más solemne, llegaron y armaron los chicos de Ah Malaya! y un ratito después comenzó el bailongo. En eso aparecieron los chorizos a la pomarola (¿o volvieron?), y las zapis muy bien amasadas entraron derechito y más vino y birra y faso, y ese saxo iba tan bien pegado con la trompeta que uno no paraba de pedir más y más para poder apagar tanto fuego generado entre corcheas y lúpulos y sangres de Cristo derramadas al interior y ¡salud!. Los Imparciales aparecieron más tarde, en trance, como unos hermanos musicales en la fe, bailando al palo bien volados y flotantes sobre alfombras persas tejidas en hebras eternas de canabiol índico perfectamente florecido... para entonces las bocas eran todas sonrisas y el estado era de pura dicha, de olvido total del devenir del reloj; como para despreciar con un gigantesco pito catalán los putos ríos de vino de los curas del paraíso y las torres de hembras acumuladas hasta el fin de los tiempos.
Finalmente -todo termina- la noche acabó. Y yo todavía me pregunto como hice para pedalear junto a mi chica más de diez cuadras hasta casa.
Y hoy ya es jueves: todavía me dura la sonrisa.
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miércoles, 16 de mayo de 2012
Muestra fotográfica en Villa Pineral
Dicen que todo llega, y yo agregaría que lo que llega sorprende cuando no se busca. Mi estudio de la fotografía data de un par de décadas atrás cuando un curso inicial con el fotógrafo Martín Marco me brindó las herramientas esenciales para lograr el manejo de la luz y un mínimo de encuadre. Terminado el curso, la conjunción de un telescopio refractor, la pasión por la astronomía y la necesidad de registrar lo que se percibe a través de los eones me entrenó inevitablemente en las largas exposiciones, la pérdida exponencial de sensibilidad de la película pasado el segundo de exposición y el problema del imparable movimiento planetario, tanto más veloz el giro cuanto más profundo se espía por los abismos del cosmos. Y luego el aprendizaje intuitivo cámara en mano sin más doctrina que el azar y el ejercicio de la prueba y el error. Unos años después, el bolsillo agobiado por el gasto excesivo en rollos y copias y, tal vez principalmente, la pérdida del rumbo en la búsqueda de un discurso personal en la imagen, bastaron para optar por regalar todo el equipo sin más dudas que un leve parpadeo. Y chau fotos. Tomó entonces la posta del primer plano la música: la guitarra y la voz, primero; el bajo y el piano, después; y así me fuí alejando de la fotografía lenta e irremediablemente sin querer extrañarla demasiado hasta que en el año 2006 conocí a Paula Burd, mi actual mujer, que entre otras muchas cosas maravillosas, es también fotógrafa. Y de las que se precian.
Al año de conocernos me regaló mi primer cámara digital y me introdujo en los elementales rudimentos de la PC, y luego, buscando y experimentando por el lado de la música grabada y la imagen llegué finalmente al photoshop, y cambié de cámara por una superior, y salí a buscar otra vez, y hace ya tres o cuatro años que no puedo parar de hacer fotos... tal vez esa libertad que conseguí -y que no logro con la música porque es mi laburo y es también mi exigencia- se lo deba a ella, a mi esposa, digo, ya que lo más importante de su mirada artística naturalmente me inseminó por todos los poros, y básicamente consiste en el pleno ejercicio de la libertad por sobre todas las metas, reglas y exigencias. Hacer las fotos que sean, del modo que sea, bien o mal, muchas o pocas, pero con pasión y entrega. ¿La técnica?, una herramienta que se puede soslayar sin tener que pedir clemencia. ¿El objetivo?, plasmar la vida, mi vida, en unas tomas que atestiguen que por acá pasé, respirando a veces sin aliento mientras voy caminando rumbo a la tumba, que es el destino de todos.
Entonces, y retomando, no esperaba el llamado de los chicos de la Sociedad de Fomento Villa Pineral ofreciéndome ese espacio para exponer mis primeras fotos. Y dije sí, por supuesto.
La muestra se inauguró el sabado pasado, el sabado 12 de Mayo, y fué, literalmente, un polvo. No sólo la gente se tomó el tiempo para contemplar la muestra e interactuar con el autor, sino que la comida, la poesía, el teatro de sombras, la guitarreada y los grupos que nos obligaron a bailar casi sin darnos cuenta superaron todas las expectativas. Por eso, ante todo, gracias. Y, para los que no pudieron venir, acá están las ocho fotos que expuse en el mismo orden de edición.
Al año de conocernos me regaló mi primer cámara digital y me introdujo en los elementales rudimentos de la PC, y luego, buscando y experimentando por el lado de la música grabada y la imagen llegué finalmente al photoshop, y cambié de cámara por una superior, y salí a buscar otra vez, y hace ya tres o cuatro años que no puedo parar de hacer fotos... tal vez esa libertad que conseguí -y que no logro con la música porque es mi laburo y es también mi exigencia- se lo deba a ella, a mi esposa, digo, ya que lo más importante de su mirada artística naturalmente me inseminó por todos los poros, y básicamente consiste en el pleno ejercicio de la libertad por sobre todas las metas, reglas y exigencias. Hacer las fotos que sean, del modo que sea, bien o mal, muchas o pocas, pero con pasión y entrega. ¿La técnica?, una herramienta que se puede soslayar sin tener que pedir clemencia. ¿El objetivo?, plasmar la vida, mi vida, en unas tomas que atestiguen que por acá pasé, respirando a veces sin aliento mientras voy caminando rumbo a la tumba, que es el destino de todos.
Entonces, y retomando, no esperaba el llamado de los chicos de la Sociedad de Fomento Villa Pineral ofreciéndome ese espacio para exponer mis primeras fotos. Y dije sí, por supuesto.
La muestra se inauguró el sabado pasado, el sabado 12 de Mayo, y fué, literalmente, un polvo. No sólo la gente se tomó el tiempo para contemplar la muestra e interactuar con el autor, sino que la comida, la poesía, el teatro de sombras, la guitarreada y los grupos que nos obligaron a bailar casi sin darnos cuenta superaron todas las expectativas. Por eso, ante todo, gracias. Y, para los que no pudieron venir, acá están las ocho fotos que expuse en el mismo orden de edición.
domingo, 4 de marzo de 2012
Teatro de sombras en la Sociedad de fomento Villa Pineral
Da mucho placer pedalear unas cuadras con tu bici bajo el sol del sabado a la tarde y entrar en ese recinto mágico y antiguo en donde se percibe, entre silencios y penumbra, los ecos de las voces de los que allí cantaron y rieron y ya no están. En ese espacio, la Sociedad de fomento de Villa Pineral de Caseros, mi amigo Alfredo Cuellar presentó este último sabado -y todos los sabados de Marzo a las 17hs- su espectáculo teatro-musical "Sembrador de estrellas": espectáculo que comienza con su autor jugando -si, este pibe juega y contagia con ese juego- con una buena cantidad de instrumentos musicales convencionales loopeados a tiempo real con otros más extraños -y de muy bellos sonidos- fabricados por él mismo, entretejiendo un puzzle sonoro elemental, arcano, minimalista y mántrico que logra utilizar como banda de sonido de la obra. Luego el autor pasa detrás de escena y el "Sembrador de estrellas" hace su aparición. No voy a contar nada de lo que sucede en la extraña proyección porque hay que verla, pero el ritual se extiende por alrededor de una hora mientras la música fluye y germina, cambia y muta; las imágenes eclipsan, emocionan, hipnotizan y logran detener el ordinario pensar... puedo decir que el sabor de la obra es el mismo que el de la lluvia, el del fuego y la garúa. Arte Esencial. Al terminar, los instrumentos pasan a manos de la audiencia, que en este caso son todos niños. Y entonces sucede la caótica y catedrática sinfonía de los que aún no piensan en metas ni en resultados ni en logros. Da mucho gusto encontrar artistas que hacen de su obra un juego libre, como libre y gratuita es la entrada. En un mundo en donde las exigencias del mercado hace del arte un producto envasado que se vende en las góndolas de los supermercados junto a las papas fritas y la birra, "Sembrador de estrellas" es, aparte de una bella obra y una hermosa experiencia sonoro visual, un ejemplo que vitaliza la fe que reza y cree en que, en cuestiones de arte, no todo está perdido.
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