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miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Crisis?... ¿que crisis?

El mundo chilla en la radio y en la TV, el mundo chilla en los diarios, en el centro, en los pueblos, en la red, en la calle y el potrero, en el ejercicio democrático (¿Macri? ¿Temer? ¿Trump? ¿Rajoy? ¿Merkel?)… pero el mundo apesta.
La mitad cree en el amor, la otra mitad, en la guerra.
Incluir… expulsar.
Aceptar… condenar.
Dar libertad o coartarla: nada en el medio.
Frente a este panorama aparecen estas oscuras fotografías tomadas en un día muy oscuro en un momento muy oscuro que vaticina un futuro muy oscuro.
Frente a esto el escape fácil: toneladas de canabiol, galones de moscato, play station, velocidad, paja al celu, PC, sexo –mil modos de sexo-… mi mujer elije el jardín.
Yo, las palabras –y otras cosas más fáciles también... que no soy ningún santo-
Lo peor de la crisis es ignorarla.
Ya escucho la tribuna cantando alegre por el retorno de la era atómica...
¿Sobreviviremos?












martes, 3 de diciembre de 2013

Niña contraluz

Puente peatonal, estación Santos Lugares.
Cae el sol, primer domingo de diciembre;
brisa suave, silencios de eucalipto,
trenes que vienen y van,
gente que sube y baja,
llega y se va.
Yo me voy hasta el extremo y disparo a contraluz...
una, dos, tres veces.
Llega desde Retiro una nueva formación,
aparece una familia, el padre y dos niñas, la más grande de la mano de papá.
Caminan por el andén,
suben la escalera y se colocan, un instante, a contraluz: 
un último disparo, pasan presto y se van...
desaparecen para siempre.
Dejan, sin saberlo, una imagen y un detalle hermoso de esa imagen.
Una niña que camina y juega.


martes, 23 de octubre de 2012

Caminata nocturna bajo la lluvia

Primero la caminata bajo la garúa triste de un lunes desesperante como todos, desde Caseros hasta las tierras de Cadore; luego unas porciones de tarta en el "Bellagamba" de Villa del Parque, regadas con gaseosa y agua mineral. Y las palabras y los besos y las fotos entre el viento, y la risa que todo lo puede y la añoranza de otras latitudes siempre intactas en la memoria, latitudes saladas que esconden, tras los altos edificios, el rumor del mar y la montaña y el olvido; y ese suspiro que aparece encendido en un ensueño de horizonte y de nieves y picos... y de pastas con mariscos y vino tinto a pocos metros del puerto.
No hubo tanta suerte a la vuelta: la lluvia como baldes y los paraguas impotentes y las medias mojadas hasta el hueso, pero no importó... para cuando llegamos a casa el bajón era una anécdota y el recuerdo presente el de tu boca y tu sonrisa.




miércoles, 26 de septiembre de 2012

Una anotación al margen de las corcheas

25 de setiembre, clase de lenguaje pre-examen. Uno de los últimos fríos del 2012, y dicho así suena bastante nostalgioso. Llega el tiempo de la bici y del helado fuera de casa, de las largas caminatas nocturnas, de los mosquitos y las cucarachas, de la luna brillante sobre la parrilla y la carne dorándose sobre las brasas bajo el cielo estelar...
Comienzo a recuperar en mi memoria algunas geografías que vienen desde el lado del pedaleo... la línea contigua al San Martín, calle Nicaragua, de Caseros a Santos Lugares, plaza más virgen, porros cuando se pasa rumbo a otra cosa. Luego calle Lage atravesando el corazón de Santos Lugares hasta desembocar, con un incierto escalón, en la estación Saenz Peña. Luego aparece la imagen de las bicis correteando por el andén casi desierto escapando de la mirada policial, rumbo a la Capital Federal, que en ese punto está a cien metros. Y desde ahí, multiple choice: calle Ricardo Gutierrez rumbo a Villa Devoto -heladería Monte Olivia-; o Villa del Parque -heladería Cadore-; o el vagón en la estación, o Villa Pueyrredón... escenarios de esa primera noche de amor de esta historia que aún hoy firmemente perdura.
Estoy en el segundo piso de la UNTREF, pasaron las nueve de la noche, el profe habla sin parar de Steve Reich y Morton Feldman, y mientras escribo el San Martín ruge a mi espalda. El San Martín. Puedo conectar, en la totalidad de mi vida pasada, una gran sinapsis histórica a través de sus vías... El Centro, los amigos, el cine, las monedas en las vías de Hurlingham otra vez rateado del colegio, los porros antes de subir y volar durante media hora con la música del walkman, Retiro, parrillita Gaby en Palermo, la zona roja, las novias, las coladas, las fotos, borracheras en Las Cuartetas, el amor peligroso e incierto, la presencia imborrable de la muerte y la dicha que provoca el saberse muerto. El tren. Nada sería igual sin el tren, como nada sería igual sin el cielo y sin tus besos... que me vienen con el fútbol.

   

martes, 28 de agosto de 2012

Dos trenes -gifs-

Viajar en tren es convertir el espacio en tiempo.
Ya desde principios del siglo XX, la fórmula einsteniana E=mc2 eliminó dramaticamente toda realidad de ubicación espacio-temporal, y ayudado por Freud, con su impensable inconciente colectivo, y por Marx, con sus divisiones de clase que justifican toda inacción u acción o mero deambulismo zombie, acabaron facilmente con las certezas todas.
Y quedó la realidad desnuda, implacable, inasible... el horror -la libertad total desprovista de lo sagrado- de lo que es. Y sin explicación.
Por eso, si quiero sentir como el piso se desploma bajo mis pies en un abismo infinito, me subo al tren y me dejo llevar por las no realidades del siglo XXI, que ya agrede el paladar con el sabor de lo amargo, de lo rancio. Y eso que recién comienza.

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sábado, 11 de agosto de 2012

Tren, vías, café

Primero uno se prepara para trascender el mero resultado, se alimenta la electrónica, un calzado fresco, una bufanda multicolor, el sol que asoma entre la lluvia que saluda y las ganas de caminar lo caminado pero con otra mirada, que se pueden infinitas, ya lo sé.
Y se encuentra el silencio al costado de un túnel soslayado con un karma de ausencia de pies, y aunque las aves sean muertas con el corazón arrancado, que esto es signo de desgracia de fe, uno sigue y sigue, y luego el barro y los durmientes y las callecitas de Santos Lugares, que aparecen con un triste brillo dominguero, y esa esquina y ese café... con ese televisor deprimente y futbolero frente a dos porciones de muzzarella y un vaso de tinto sin mucha cuerda, sin mucha sal... un futuro horrendo. Un futuro como una vil metáfora del tiempo, como la desgracia de la soledad, como una pequeña y personal demolición.