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miércoles, 22 de agosto de 2018

Bariloche en estado de gracia

Todos los cielos del tren quedan al fin en el irremediable pasado. Pasan las estrellas y pasa la luna, pasan las entrañables localidades patagónicas, se detienen las ruedas y la máquina se calla, el humo se apaga y aparece el lago, tan desaforado como los picos cordilleranos… y sí, una nueva aventura, una más.
Nunca se sabe cuánto, ni cómo, menos porqué… se sabe que se acaba mientras no se acaba, y se apuesta por otra nueva aventura ¿qué más se puede hacer? ¿arrojar la toalla?... ¡la toalla se arroja, es la condición!, pero ¿para qué apurar el triste asunto?
Y claro, el lugar está lleno de pasado, hay ecos lejanos de perdidas batallas, asalta el llanto y el inapelable dolor, y luego inunda el alma una oleada de ¿cómo diría Kurtz? ¿una paz pura como una bala de plata?
Y de acá para allá. Las dos avenidas –y sus muertos en mil estúpidas estrellas-, como un simulacro de río motorizado; las largas caminatas rumbo a los mariscos y el supermercado, los exquisitos desayunos, los senderos ocultos, picadas perdidas, pancartas, chocolate en rama, amigos perros, tortas, nubes, sexo, cielo, tierra, simbiosis, polvo, playa, silencios que nunca acaban, amor en estado de gracia.
Las imágenes de un pasado que ya fue, pero que, increíblemente, vive en mí y no se apaga.












































viernes, 3 de febrero de 2017

Corazón langostino

Usted fíjese que arbitraria resulta una austera selección de tantísimos ítems geográficos… pero una cosa es la imagen, otra el devenir -que tan bien marca el reloj- , y otra estar ahí… el olor del aire, agua en bidón, el color virando al rojo, el sol en la frente, las casuchas podridas en el tiempo, el traqueteo, pastizales, cielo rosado, tormenta allá en el fondo del fondo de la raya, apenas visible -apoteósica-… peep show, los chicos de enfrente se toquetean, vacas, peep storm, pampa, cogollos... y se escapa también: llega la noche y los otros ya son vecinos; suben más en San Antonio Oeste y rompen el delicado equilibrio de la partida. Más tarde rastafaris queman faso, mucho mate amargo, San Antonio de noche... como San Justo en los '70. SanJusto en navidad o en año nuevo... ¿seis?, ¿ocho?, ¿diez años?… pasamos, al fin, y sube la energía, hay corazón ahí, un pedazo de corazón quedó en San Antonio Oeste. Un pedazo vital de corazón con textura de langostino y salsa de limón.
Y está la noche retozando en patas, come galletitas, lee un libro, sueña.
Siempre temprano amanece -y acá el asunto empieza con vías y sol y resulta en más sol pero con gatos y perros- en una casa entre los bosques, con  montañas y picantes tacos, y largas botellas de tinto… la palabra, la risa... y entonces la ducha, el espejo y la disolución momentánea tirado en un colchón.
Horas más tarde rueda un micro -¿otra vez?- y nosotros estamos en él, y llega la frontera, y pasa la frontera, y llueve en la nube, verde, cian, verde, negro, amarillo y cian, caminos y agua helada, la espesura, Kurtz.
Ya en la disposición de las antenas se manifiesta el ser chileno.
Cae la estrella, madera, llegamos, otro país, una casa, madera, otra gente, una mesa, domingo, persianas cerradas, queso y cerveza, empanadas.