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viernes, 3 de febrero de 2017

Corazón langostino

Usted fíjese que arbitraria resulta una austera selección de tantísimos ítems geográficos… pero una cosa es la imagen, otra el devenir -que tan bien marca el reloj- , y otra estar ahí… el olor del aire, agua en bidón, el color virando al rojo, el sol en la frente, las casuchas podridas en el tiempo, el traqueteo, pastizales, cielo rosado, tormenta allá en el fondo del fondo de la raya, apenas visible -apoteósica-… peep show, los chicos de enfrente se toquetean, vacas, peep storm, pampa, cogollos... y se escapa también: llega la noche y los otros ya son vecinos; suben más en San Antonio Oeste y rompen el delicado equilibrio de la partida. Más tarde rastafaris queman faso, mucho mate amargo, San Antonio de noche... como San Justo en los '70. SanJusto en navidad o en año nuevo... ¿seis?, ¿ocho?, ¿diez años?… pasamos, al fin, y sube la energía, hay corazón ahí, un pedazo de corazón quedó en San Antonio Oeste. Un pedazo vital de corazón con textura de langostino y salsa de limón.
Y está la noche retozando en patas, come galletitas, lee un libro, sueña.
Siempre temprano amanece -y acá el asunto empieza con vías y sol y resulta en más sol pero con gatos y perros- en una casa entre los bosques, con  montañas y picantes tacos, y largas botellas de tinto… la palabra, la risa... y entonces la ducha, el espejo y la disolución momentánea tirado en un colchón.
Horas más tarde rueda un micro -¿otra vez?- y nosotros estamos en él, y llega la frontera, y pasa la frontera, y llueve en la nube, verde, cian, verde, negro, amarillo y cian, caminos y agua helada, la espesura, Kurtz.
Ya en la disposición de las antenas se manifiesta el ser chileno.
Cae la estrella, madera, llegamos, otro país, una casa, madera, otra gente, una mesa, domingo, persianas cerradas, queso y cerveza, empanadas.
























viernes, 20 de mayo de 2016

En un tren desde el espacio

Subo y subo. Es de día, y las señales del hombre se pierden. Me rodean las nubes, el aire enrarecido, el viento helado... y, sin embargo, estoy en la ducha. Cae el agua caliente -10000 metros-, me enjabono el pecho, las piernas, el pito. Me depilo -11000-.
Me lavo la cabeza -12000 metros-, me lavo los dientes -15000-, cambio de género otra vez -más y más arriba-.
Subo.
Veo un tren. Viaja de noche. En un camarote, dos personas, seres humanos, macho y hembra, mamíferos.
Nacieron a principios del '70, siglo XX.
Comienzan su "Luna de Miel".
No gozan de la modernidad -26000-, pero con ella se dan a sí mismos. Aman el rock & roll, la radio AM, la pizza, la soledad -32800- la pérdida de la identidad en el clamor de la masa combativa.
La modernidad, esa revolución sin caso, les arranca el bendito-maldito pasado de entre las manos.
Odian las luces dicroicas, las marquesinas de colores, las propagandas de gaseosa.
Aman los bosques de neón, la noche solitaria y sin fin.
Este tren, desde este tiempo y desde esta química altura, viaja por claros y oscuros vericuetos de esa, y esta falacia llamada pasado, presente, futuro, tiempo... y que vuelve -57000-, y gira y gira -177800-, y vuela el oxígeno -378000-, me ahogo, -579800- ¡aaajjsf...!
Estoy revoloteando por la órbita geosincrónica.
Y todavía puedo ver a esos dos (verlos) en El Tren.











miércoles, 26 de febrero de 2014

Pasa el tren

A menos de un metro pasa el tren rumbo al segundo cordón bonaerense,
pasa el tren mientras nuestros pies nos llevan rumbo a la ciudad,
uno, dos, tres, cien, miles de pasos rumbo a la ciudad mientras el tiempo se desdobla en múltiples vástagos que nos confunden a todos, porque el tiempo, ese inasible fantasma sin identidad,
es como esas chicas que aparecen desnudas en las revistas
y que muestran sus enormes culos redondos en la televisión:
de todos y de nadie: putas.
El tiempo es una puta vendida al mejor postor,
una puta vil y mentirosa que te empuja rapidito para que acabes de una vez,
para que dejes la platita sobre el tramposo colchón y te esfumes en la nada.
Y nos tendríamos que poner de acuerdo en quién es el más apto para aprovechar estas fracciones temporales tan viles y atorrantas...
¿vos, yo, mi chica, Obama, el vecino de la esquina, Fidel, el pibito en la villita, el cantante Luis Miguel?...
¡que pregunta!
Y... ¿para que?... ¿objetivos?
¿para rezar, golpear, nadar, tocar la viola, estudiar, estornudar, coger, pedalear, hacer guita?
Ese tiempo que se fragmenta hasta la mínima disolución en este tiempo de modernidad tardía, no existe.
¡Lo aseguro!
El tiempo, ese puto tirano al servicio de la hormiga del rey Salomón,
es una falacia, una herramienta del Imperio,
un palo profundo metido en el orto para evitar el relajo de la verdadera paz.
O por ahí no, por ahí "el tiempo es oro", como dijo el Tío Rico...
"El tiempo es oro", dijo el tío,
"El tiempo es oro", volvió a decir,
"El tiempo es oro"... un mantra quema bochos....
Vos, por las dudas, no te olvides los forros.
y cuidá el culo...

martes, 3 de diciembre de 2013

Niña contraluz

Puente peatonal, estación Santos Lugares.
Cae el sol, primer domingo de diciembre;
brisa suave, silencios de eucalipto,
trenes que vienen y van,
gente que sube y baja,
llega y se va.
Yo me voy hasta el extremo y disparo a contraluz...
una, dos, tres veces.
Llega desde Retiro una nueva formación,
aparece una familia, el padre y dos niñas, la más grande de la mano de papá.
Caminan por el andén,
suben la escalera y se colocan, un instante, a contraluz: 
un último disparo, pasan presto y se van...
desaparecen para siempre.
Dejan, sin saberlo, una imagen y un detalle hermoso de esa imagen.
Una niña que camina y juega.


martes, 23 de octubre de 2012

Caminata nocturna bajo la lluvia

Primero la caminata bajo la garúa triste de un lunes desesperante como todos, desde Caseros hasta las tierras de Cadore; luego unas porciones de tarta en el "Bellagamba" de Villa del Parque, regadas con gaseosa y agua mineral. Y las palabras y los besos y las fotos entre el viento, y la risa que todo lo puede y la añoranza de otras latitudes siempre intactas en la memoria, latitudes saladas que esconden, tras los altos edificios, el rumor del mar y la montaña y el olvido; y ese suspiro que aparece encendido en un ensueño de horizonte y de nieves y picos... y de pastas con mariscos y vino tinto a pocos metros del puerto.
No hubo tanta suerte a la vuelta: la lluvia como baldes y los paraguas impotentes y las medias mojadas hasta el hueso, pero no importó... para cuando llegamos a casa el bajón era una anécdota y el recuerdo presente el de tu boca y tu sonrisa.