¿Cual es el sentido de fotografiar lo que sea sin importar el juicio de los que saben y de los que no?... transmitir una mirada, atestiguar que mientras se acerca el día del juicio -en un sentido no religioso- uno anduvo por aquí.
Hoy le tocó el turno a los no lugares: Subte B, Centro Cultural Recoleta, bondi 123, escaleras mecánicas, y la modelo en casi todas las tomas, exceptuando al dueto dinámico, es mi chica Paula Burd, que siempre se coloca con gusto... ¡she gets!
El movimiento es el paradigma de la modernidad, el tránsito, la muerte del espacio en pos del tiempo de conexión entre dos puntos. Y van entonces las fotos hechas en estos lugares inciviles que empujan al escape.
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sábado, 6 de octubre de 2012
domingo, 19 de agosto de 2012
Velocidad, espacio y tiempo
Tal vez el modernismo se caracterice, especialmente, por el hecho de la velocidad. Velocidad que, en su afán de objetivo, convierte el espacio en tiempo, desconectando de este modo a la tripulación en mera espectadora de lo inasible, lo local, del detalle.
Estar apurado se ha convertido en un signo de los tiempos, signo que excluye lo social dentro de un habitáculo cerrado, reducido e ideado para trascender el contacto con el otro, con la vida cotidiana, con la construcción de la solidaridad.
Estas tomas fueron hechas a pié frente al cementerio de la Chacarita, mientras esperaba el 123 para regresar a casa.
Estar apurado se ha convertido en un signo de los tiempos, signo que excluye lo social dentro de un habitáculo cerrado, reducido e ideado para trascender el contacto con el otro, con la vida cotidiana, con la construcción de la solidaridad.
Estas tomas fueron hechas a pié frente al cementerio de la Chacarita, mientras esperaba el 123 para regresar a casa.
viernes, 20 de julio de 2012
On the road
La carretera funciona como una metáfora perfecta de lo que se vive y se deja atrás, que es todo. Condenados a vivir en un mundo en donde el tiempo del reloj es la base de toda actividad -y de toda neurosis-, una ventanilla en movimiento parece convertirse en una especie de pintura casi abstracta del imparable y arbitrario devenir temporal. Y la velocidad ayuda a desnaturalizar la presión siempre presente del objetivo, de la tensión del éxito aparente y de la condena del fracaso, que es herramienta sin sustancia de los que buscan el dominio de la producción. Y mientras cae el chubasco helado y las nubes negras amenazan con tragarse toda la luz, la espera confiada por el necesario brillo estelar establece lo mejor -y lo más fantástico- de nuestra característica humana: la fe.
Creer, tener fe, no implica ni un Dios ni su ausencia, sino la entrega al maravilloso, dramático y optativo juego de estar vivo, de respirar todo el aire posible para no morir antes de tiempo, para morir sólo una vez mientras se observa pasar la vida sin aliento, mientras se elige por puro gusto antes de que todo se detenga, sin explicación, en el principio del misterio. Si es que lo hay.
Creer, tener fe, no implica ni un Dios ni su ausencia, sino la entrega al maravilloso, dramático y optativo juego de estar vivo, de respirar todo el aire posible para no morir antes de tiempo, para morir sólo una vez mientras se observa pasar la vida sin aliento, mientras se elige por puro gusto antes de que todo se detenga, sin explicación, en el principio del misterio. Si es que lo hay.
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