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domingo, 7 de octubre de 2018

Dos días soleados en la Tierra del Desarraigo

Chau, se fue, ya no está: desapareció en la Tierra del Desarraigo. Andaba en moto y desapareció. Tomaba mates con un amigo en la plaza y desapareció. Ladraba, peleaba de noche, volaba entre las flores, planeaba en lo más alto antes de una nueva migración, nadaba entre arrecifes de coral, respiraba ácido sulfúrico… da lo mismo que hacía y cómo era: desapareció, como todo y todos.
Mientras tanto hay tiempo presente, ése que casi todos se pierden entre múltiples humores de cagada: presente para respirar, ver, sentir, oír y degustar… nunca para pensar.
Sin embargo el mundo se ha movido, y el guardián se transformó en guardia: penosamente lucha el corazón humano por sobrevivir  bajo el indomable yugo del pensamiento y de su vástago  más tirano: la razón.
Y si no se es presente, entonces la enloquecida locura: “yo acuso-no puedo sin vos-esa mala mujer que quiere el caos-con el cariño de tus amigos (¿cuántas lluvias y tormentas?)-vive, que al revés es el demonio-¡hermosas piernas!-ni una menos en tu pecho antes de morir asesinada por un sucio macho-un don nadie-esa esquina-y por favor, no olvides alquilarme para tu fiestita, porque soy un súper y salvaje superhéroe, ¡potente!, y porque acá no se rinde nadie, ni nadies, ni antes, ni hoy ni nunca!...”
Cuarenta y ocho horas en la Tierra del Desarraigo dejó caer sus frutos, tan dulces y maduros, tan llenos luna y de sol: las imágenes que, como todo y todos, condenadas están a la de-sa-pa-ri-ción.
Y mientras tanto hay que pensar, proyectar, rumiar, ¿cómo sigue ésto?, ¿que nos deparará el futuro?... ¿comeremos?... ¿con qué nos vestiremos mañana?...











































miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Crisis?... ¿que crisis?

El mundo chilla en la radio y en la TV, el mundo chilla en los diarios, en el centro, en los pueblos, en la red, en la calle y el potrero, en el ejercicio democrático (¿Macri? ¿Temer? ¿Trump? ¿Rajoy? ¿Merkel?)… pero el mundo apesta.
La mitad cree en el amor, la otra mitad, en la guerra.
Incluir… expulsar.
Aceptar… condenar.
Dar libertad o coartarla: nada en el medio.
Frente a este panorama aparecen estas oscuras fotografías tomadas en un día muy oscuro en un momento muy oscuro que vaticina un futuro muy oscuro.
Frente a esto el escape fácil: toneladas de canabiol, galones de moscato, play station, velocidad, paja al celu, PC, sexo –mil modos de sexo-… mi mujer elije el jardín.
Yo, las palabras –y otras cosas más fáciles también... que no soy ningún santo-
Lo peor de la crisis es ignorarla.
Ya escucho la tribuna cantando alegre por el retorno de la era atómica...
¿Sobreviviremos?