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sábado, 15 de septiembre de 2012

Caseros, Morón, Ramos Mejía

Salimos de casa a las 15hs, previa guitarreada intensiva. Pateamos siguiendo la vía muerta de Palomar hasta el acceso Oeste, dejando atrás las tierras yermas del aeródromo militar, con sus tristes almenas hoy oxidadas. Luego llegamos a la plaza San Martin, en Morón, para enseguida darnos cuenta que el festival musical no era allí, sino en una escuelita a más de treinta cuadras. Entonces decidimos seguir caminando hasta Ramos Mejía, en donde terminamos cenando arroz con Mariscos en "Carmen", gallegueada de la hostia bien regada con un Norton Barbera, más una copita de jerez, más una copita de limoncello. Al salir, un heladito en Tempo, sobre Avenida Rivadavia, tan sólo para comprobar que han logrado mantener la calidad de sus cremas.
Ahora son las 23:51 y me voy a dormir, previa ducha fría: mañana a las ocho el despertador y el mate amargo para luego volver, esta vez pedaleando, hasta Morón, para entonces componer con el grupo de Taller 1 la fucking forma musical con ruidos corporales...



martes, 4 de septiembre de 2012

Los perros

Hay que ser una roca para no sentir la indignidad de la vida al contemplar lo que le hace la vejez a la carne y a la sangre. Y si se trata de una criatura tan desprotegida como un perro, más aún.
El perro tomaba sol a una cuadra del acceso oeste, Haedo, en la puerta de una humilde casa de clase media venida a menos. Le tomó bastante tiempo darse cuenta de que era fotografiado...
Los perros y los gatos son nuestros compañeros habituales cuando salimos a hacer fotos. Y los menos peligrosos, lejos. Casi siempre los gatos son indiferentes, aunque cada tanto aparece alguno que se desespera por una mano que le permita franelearse. Los perros, en cambio, casi nunca son indiferentes: muchas veces nos ladran furiosos muy bien protegidos -de nosotros mismos- detrás de unas rejas que intentan proteger mientras justifican su existencia a los oídos del amo; otras veces, ya sueltos, nos corren para simular mordernos, aunque hasta ahora nunca ninguno lo haya hecho. Pero la mayoría de las veces están simplemente ahí, contemplándonos con curiosidad amable mientras los contemplamos o los fotografiamos al pasar... nos miran con una bondad fuera de toda proporción humana, moviendo la cola y esperando pacientemente una caricia y unas palabras amigables.



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lunes, 3 de septiembre de 2012

De Caseros a Morón en sábado por la tarde

El último sábado salimos rumbo a la nueva reserva ecológica de Morón, cámaras en mano, con mucho calor primaveral, mucha música en las calles, muchas flores de colores e insectos, muchos perros felices con cara de resurrección.
Atravesamos todo el barrio que rodea a la villa Carlos Gardel, de la cual pasamos a menos de dos cuadras; luego cruzamos el acceso oeste a la altura de la calle Dolores Prats, y desde allí improvisamos la caminata hasta llegar a la plaza principal de Morón, pateamos por San Martín hasta el fondo y, doblando a la derecha, nos tomamos una cerveza helada frente al cementerio.
Cada barrio tiene su energía, su gente, su característica de velocidad. Morón, especialmente en las latitudes del camposanto, es un barrio macho, de motores que aúllan su petróleo V8, de veredas y cervezas compartidas, de peligro nocturno, de exceso de velocidad.
Finalmente retornamos en el 634 a Palomar y desde allí el 123, al bajar compramos todo lo necesario para hacer un asado. Luego de cenar y tomarnos un par de tintos vimos Syd y Nancy. Un garrón.