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jueves, 25 de julio de 2013

Lustrabotas

El periódico se llama "Hormigón armado", es de la paz, lo hacen los lustrabotas, los mismos que se tapan el rostro con un pasamontañas para no ser reconocidos por sus familiares, por sus amigos, por sus edades, por sus compañeros de universidad. Antes vivían en la calle, algunos tomaban drogas. Ahora los mismos, recuperados, recuperan a los que están en esa situación, para, de a poco, devolverlos a la vida... a la vida dura de La Paz.
La piba de la foto estuvo en esa situación, años ha. Ahora está casada y tiene dos pibes, y un marido, como ella, lustrabotas.
Fue nuestra guía en el "tour lustrabota". Una genia la piba.
Un amor.


viernes, 5 de julio de 2013

Dos perros en La Paz

Volvíamos del bar Diesel, en La Paz... música y color, tragos y humo, un bar de esos que ya no se encuentran en las ciudades modernas como Buenos Aires, porque la modernidad es así, idiota; yo había tomado vodka y tequila con locoto; vos chuflay, y cerveza boliviana. Caminamos bajo las estrellas. Las calles estaban vacías de gente y llenas de silencio, con una cierta amenaza que provenía más de las sinapsis de clase media que de la realidad. En una vuelta de la esquina aparecieron: pequeños, lanosos, gritones, casi ridículos. Recuerdo que yo me reía del tremendo kilombo que hacían... estaban indignados, al parecer estábamos violando su territorio perruno con nuestra humana caminata. Nos siguieron a los gritos casi por una cuadra; uno de ellos, al ver mi cámara de fotos, amagó morderme el talón, pero se contuvo, seguramente percibió mi no miedo. Luego callaron y se quedaron ahí parados y extáticos, viéndonos alejarnos en silencio. Y estoy casi seguro que la última vez que me di vuelta para verlos adiviné en sus pares de ojitos un brillito de nostalgia, casi de desazón, como si en el fondo hubiesen querido que, en vez de irnos, nos hubiésemos quedado ahí con ellos, en un costado de la calle vacía y bajo las estrellas hasta el amanecer.