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domingo, 16 de noviembre de 2014

Un diablo en la vidriera

Me encontré con el diablo mientras caminaba por Ballester rumbo al gulash de "La Hungaria".
Como aquel que ganaba la vereda de la lejana y caliente Villazón, este diablo era un diablo femenil,
y estaba detenido, de pié, en una vidriera cualquiera.
Al principio sentí temor, pero luego su cara de desconcierto y su evidente soledad convirtió ese miedo en lástima.
Me acerqué. Este diablo de labios morados y enrulada cabellera marrón vestía una capa roja -de diablo, claro- un par de cuernos muy rojos brotaban de su coronilla y, debajo de la capa, lucía un ajustado portaligas negro con medias bucaneras de anchas puntillas.
Llevaba tacones muy altos en los pies... y un precio en cada prenda.
-¡No te acerques!, me gritó en un siseo viperil -¡soy el diablo!
Me lo quedé viendo: este diablo era muy sexy, pero estaba más solo que un poeta en la bolsa de valores.
-No me das miedo, diablo, le dije, -pareces un diablo bastante inofensivo
-Lo soy, me contestó con un suspiro -¿que diablo se bancaría la humillación de encontrarse travestido en una vidriera cualquiera vendiendo lencería y estilettos?
-Creo que ninguno, le contesté -por lo general los diablos son muy malos, y decime... ¿te pagan?
-Me pagan con cuotas de anonimato. La gente pasa, me encuentra así feminizado y se convence de que no existo... y ya se sabe que ésa es mi mejor táctica
-¿Táctica?... ¿para que?
-Para extraviarlos a todos y atarle sus almas en las tinieblas
-No parece que seas muy efectivo actuando desde esta vidriera, diablo
-No te creas, me tuteó, -extravío a los niños cuando se vuelven púberes y también a los viejos
-¿A los viejos?
-Sí, igual que los adolescentes, a los viejos les encanta masturbarse con mi imagen.
Nos quedamos en silencio. Como yo venía caminando desde Caseros haciendo fotos de todo lo que me interesaba, me pareció apropiado hacerle una foto a este diablo travestido... entonces le pregunté:
-Decime, diablo... ¿te puedo hacer una foto?
-Con una condición
-¿Cual?
-Que imprimas mi imagen y postrado me adores
-No creo que vaya a hacer eso, diablo
-Entonces morite
-Bueno, eso sí... a fin de cuentas morirse es sólo una cuestión de tiempo.
Saqué la cámara, apunté y le hice dos fotos. Luego me di media vuelta para irme y entonces el diablo, con una desgarradora voz que no era ni de hombre ni de mujer, me gritó:
-¡No te vayas, por favor, no me dejes sólo, que mañana es domingo y no abren!
-Lo siento, diablo
-¡No te vayas!, lloró, -¡humano de mierda!... ¡te odio!... ¡cuanto los odio!...
Me fui. Me encontré con mi chica en la esquina y seguimos caminando rumbo al restaurante.
Un rato mas tarde ella me preguntó:
-¿Con quién hablabas en esa vidriera?
-Hablaba con el diablo, le contesté.
-Mentiras, me dijo riendo, -si el diablo no existe.

lunes, 13 de octubre de 2014

Autodiseño siglo XXI

Bauman le puso nombre y apellido:
"Modernidad líquida".
La falta de significado, tal vez, sea un mal de este siglo; pero basta ver la oscuridad generada por las prohibiciones -y la muerte- del pasado para entender que, tal vez, los vástagos de esta ruptura sean los primeros seres realmente libres que hayan visto la luz del sol.
Sexo, géneros, cultura e inculturación, globalización, tecnología, multiplicación de la memoria... vivimos un período en donde nos diseñamos como "obras de arte vivientes".
Sin embargo no descreo del Sermón de la Montaña ni de su Autor... pero sí de todo el andamiaje represivo que se ha construido sobre tamaña libertad jamás repetida.
El consumo fagocita todo y lo vuelve mercancía. Y lo vomita. Pasó con el rock, pasó con la literatura... también con el Hijo de Dios.
Ante todo, Dios nos hace libres.
No olvidemos ese detalle.



lunes, 16 de diciembre de 2013

Ser o no ser... esr o on esr... xxx x xx xxx

Sí, es política: es abrir los cerrojos, es permitir, es empujar los límites, es incluir, es callar los rechazos con palabras de miel, es bucear en las sombras para ver, dentro, el porcentaje...
¿100 % macho?
¿100 % hembra?
No yo.
La historia de la humanidad es la historia de la prohibición y del rechazo,
y así estamos.
Menos diez.
A barajar y dar de nuevo que la libertad no mata ni ensucia.