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jueves, 10 de abril de 2014

El camino de las nubes

No caminamos por ese camino...
Habituados a la tiranía del deseo, buscamos forma en el consumo,
buscamos certeza en la opinión,
queremos ser... éxito, aplauso, la cima y la mera acumulación:
esa tóxica inercia que desciende en espiral rumbo a la disolución total.
Nunca La Nube.
La Nube es fecunda y fría, y sus caminos son insondables.
Es hermana de la brisa y madre de la lluvia.
La Nube baila bajo el sol, juega en la aurora y llora sus lluvias en el reino de la noche...
Y así como nadie sable donde sopla el viento, ni si viene, ni adonde va,
flota en su silencio de hesiquía sobre el mundo loco y aparente bajo los astros sin forma.
Sin rostro ni pretensión de identidad, deja su impronta en el brote, en la placenta, en la lágrima, en la humedad del globo ocular.
No se puede comprar una nube, no se puede vender.
No se atrapa ni se encierra con barrotes, no cotiza en bolsa ni se subasta en internet.
La nube es metáfora de lo inútil, de lo inasible, de lo huidizo...
del Tao.
En el camino de las nubes caminan los santos,
esos que renunciaron al oro, al poder,
y a las certezas de las formas.
Ahora me voy:
ya sopla el viento y cae la lluvia.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El mundo extraño

Una noche de verano en la misteriosa Copacabana.
Una noche de tequila y de cervezas en el suelo boliviano,
riendo y soñando
a metros del lago más extraño del mundo.
Pasa una tormenta flotando como un velo y detrás brilla la luna
plateada como mil estrellas
un brillo de fantasmas que bailotean sin cantar.
Llega el final de la noche, amarillo, y llega el silencio en los astros...
caminamos muy despacio hasta ese fin del camino.
Y entonces, un instante, el velo se separa y se abre el cielo:
Alfa Centauro, la triple estrella, la promesa, nos saluda desde el ocaso
un ocaso de cerros dormidos y de asueto del devenir.
Entonces se cierra la cortina,
se quita la ropa
y se agranda el recuerdo...
otra vez, el mundo extraño, se repliega
y se vuelve para dormir.