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lunes, 16 de junio de 2025

Me nació este amor...

Un domingo por la mañana -"parece que fue hace un millón de años" diría Kurtz respecto de sus gardenias celestiales- lo vi desde el auto. Viejo, irregular, descascarado, entronizado y a punto de desaparecer en una mohosa pared de una antiquísima casona abandonada también a punto de desaparecer. Imaginé a dos muchachas y un amor dolorosamente resistido por el temor al entorno. En otra pared, un mensaje a medio borrar y del mismo puño y letra: "El amor que nos negamos es nuestro impulso para cambiar el mundo"...

Dejo a las chicas enamoradas, no sin antes desearles un pleno y amoroso presente, y me voy al resto... Beto peluchón en su eterna siesta; la casa vacía sin vos; la luna gris flotando, siempre bella y muda; una hoja-circuito rumbo a la eternización de su presente eterno; un desconocido gato posando para mi foto; Luna observando la mañana, también posando; geometrías antojadizas de la luz; saltando la liebre; Mamá Antula en el templo superior de Lourdes en Santos Lugares, también ahí María la sufriente y entre espejos... y la nave central, blanca y marmórea, a punto de saltar hacia el híper espacio sideral. Y el bebé de Nevermind tratando de manotear el billetón, un poco deformado por la pincelada conurbana.














jueves, 20 de febrero de 2025

Ciudad Estío

 Se sale a caminar, se recorren kilómetros a pie; aparecen los escenarios, subjetivos, y se retratan con desapegado rigor, y aunque no se sabe ni se comprende el porqué, se hace, como si fuera cierto, como si sirviera para algo, como si hubiera un motivo o varios. Un corazón atravesado por esa tiranía -¡yo quiero morfar!- y un ser vivo estallado, derramado, derretido; brutalismo de salón, pizzerismo de pasado, antaño, el ayer de nuevo o el nuevo pretérito. Las antenas, la Luna y Venus transmitiendo saludos y contactos sin lograr coincidencia alguna. Empanadas fritas de carne, la fe, el acusado y todos los pibitos del conurbano en alerta, fuera el móvil, contra la pared, pero nada tiene que ver con un teléfono. Rayos y centellas: ella, hermosa, esperando sin pausa ni prisa a que llegue lo que desea, lo que la transforme, lo que la llene... con su leporina sonrisa blonda acuosa transistora fluyendo energías hacia todos nosotros al divino botón desde una triste persiana en Villa Ballester.













viernes, 12 de julio de 2019

Última estación esperanza

Diciembre ha quedado muy atrás en el recuerdo... perdido en la línea de tiempo. Luego las vacaciones, la ruta y el regreso, y la maquinaria capitalista que no arranca porque nunca se detiene -el consumo parece ser más real, para la mayoría, que el silencio interior, aunque sea ésta una vil falacia consumista-. El asunto es que pasó de todo entre la última entrada y ésta, la primera, y posiblemente, la única -y última-, del 2019:
Pasaron las caminatas y las fotos, sí, y siguen pasando, pero lo más significativo fue entrar en la conciencia de vivir reptando en el lodazal del pasado, la conciencia de que el observador es lo observado, que los pensamientos soy YO -¡mío, mío y mío!-, que la diferenciación sexual es, como mínimo, una imposición cultural; que el macho que sufro en mí es un fantasmal cascarón violento, cobarde y esclavo creado -por mí mismo- para poder cumplir, cuando pibe, con las expectativas del medio
que en suerte me tocó... cumplir con lo que se esperaba de mí.
Y... ¿que más? ¿les parece poco?
Palabras sueltas que vienen al caso: ego, cielo, sexo, escape, misterio, miedo, flores, nylon, besos, stilettos, relación, juicio, minifalda, estar, devenir, llegar a ser... querer triunfar, ganar y morir... thanatos, ganas de morir.
O de vivir con lo que es.
Entiendo que una parte de mí -de mí misma- sospecha que llevar adelante un blog es puro alimento para el ego. Demás está decir que me avergüenzo de muchas, muchísimas, de las entradas del pasado.
Pero ¿las voy a negar? ¿las voy a borrar? ¡ya saben, los pocos que me siguen, que soy un esnob!
Finalmente uno es lo que es: un imperfecto músico, peor fotógrafo, un gran escapista y mejor caminante, un feliz pizzaiolo y, por sobre todo, un simple boludo que se cree mucho y es, como mínimo, una futura tumba. Y también soy un alma sensible de chica feliz -ellas, siempre ellas, porque ellas son lo más- que sueña con la libertad y la verdadera paz -como soñaba antes de los diez, antes de que me molieran la dicha a palos-
Nada más. Debajo, las imágenes seleccionadas de las caminatas de medio año 2019. Si no los vuelvo a escribir, sean libres de la fucking civilización, y por sobre todo, libres con lo que es... que no es poco.